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lunes, 31 de mayo de 2010

EL CUENTO (HISTORIA DE UN GENERO TARDIO)

EL CUENTO DOMINICANO
Historia de un género tardío
El cuento es una forma del género narrativo, caracterizado por su brevedad expresiva, intensidad en la narración y la forma rápida en que se desenvuelve la situación, que es solamente una. A veces tiene un personaje nada más, pero puede tener varios, relacionados de manera compleja; pero siempre la situación es presentada en síntesis.
En la República Dominicana, como en las mayorías de las ex colonias españolas, este género literario se cultivo tardíamente, debido a que los inquisidores españoles, prohibieron que se publicaran o importaran narraciones ficticias en las colonias españolas, con el argumento de que esos libros disparatados y absurdos- es decir, mentirosos- podían ser perjudiciales para la salud espiritual de los indios. Por esta razón, los hispanoamericanos solo leyeron ficciones de contrabando durante trescientos años.
A pesar de este precepto inquisidor, el cuento es un género que ha tenido mejor suerte que la novela, en la República Dominicana, pues a juzgar por razones cronológicas la novela surgió primero que el cuento, tal y como se conoce hoy la definición de cuento moderno; pues aunque ‘El garito’ [1854], primera forma breve que se conoce de la narración dominicana de Angulo Guridi, y la primera novela ‘El montero’ [1856], [ según algunos críticos, pues otros consideran que fue ‘Los amores de los indios’ [1843] de Angulo Guridi], se es consciente que esa primera forma de la narración no es propiamente un cuento, sino una forma del relato.
El cuento dominicano según su definición moderna, se inicio con José Ramón López y sus ‘Cuentos Puertoplateños’ [1804], siendo el primero de estos y el más importante ‘Al pobre no lo llaman para nada bueno’. La cuentistica de López se caracteriza por la gracia de sus relatos, en el conocimiento de la vida del personaje y la psicología del ambiente, en la ausencia de toda oscuridad y de toda sintaxis torturada. Los cuentos de López no sobresalen, en cambio, por su riqueza inventiva ni por la originalidad del asunto; pero aunque no haya en los ‘Cuentos Puertoplateños’, nada digno de admiración por la sencillez del argumento, a López se le debe el reconocimiento de precursor del cuento en la República Dominicana.
Es prudente resaltar dos libros emblemáticos ‘Cosas Añejas’ de Cesar Nicolás Penson y ‘Narraciones Dominicanas’ de Manuel de Jesús Troncoso de la Concha, anteriores a López, donde la tradición y la leyenda aparecen aquí con un argumento en ocasiones didáctico; ambos libros pertenecientes al cuento novecentista y al realismo costumbrista. En esa misma línea están los cuadros de costumbres que Virgínea Elena Ortea presenta en su colección ‘Risas y lagrimas’. Quizás estos libros fueron los precedentes que prepararon el ambiente para el desarrollo del cuento moderno.
La anterior tendencia del cuento novecentista y del realismo costumbrista, continuara hasta bien avanzado el siglo XX con autores como Sócrates Nolasco o Virgíl Díaz.
Con el surgimiento modernismo el cuento hispanoamericano adquiere un carácter definitivo de autonomía e independencia y se convierte en una expresión literaria apreciada por el público latinoamericano. El cuento modernista tiene su voz dominicana en la figura de Fabio Fiallo. Sus dos colecciones ‘Cuentos frágiles’ y ‘Las manzanas de Mefisto’ conservan ecos franceses y españoles de la época. No en vano Miguel de Unamuno percibió en Fiallo las influencias de Bécquer, Heine, Poe y Hoffman.
Posteriormente incursiono en el género, Sócrates Nolasco, quien inicio la tendencia naturalista con sus ‘Cuentos Cimarrones’. Si hubiera que resumir en una sola frase la evolución del cuento dominicano del siglo XX sería necesario utilizar los términos diversidad y opresión para encuadrar todos los autores bajo el mismo marco de creación literaria.
La ocupación norteamericana y la dictadura de Trujillo, limitaron las libertades sociales y de expresión en la República Dominicana; pues la censura cultural y la limitación del pensamiento obligo a que nuestros intelectuales, más liberales y auténticos, tomaran la vía del exilio.
A pesar de esto el 1923, traería toda una revelación al género, pues el libro ‘Camino real’ del Prof. Juan Bosch, máximo representante del cuento dominicano, y padre de la cuentística latinoamericana, inauguraría toda una técnica y prosa novedosa en el arte de narrar. Los cuentos boschianos presentan la esencia de nuestro pueblo y de los hombres del campo, además Bosch fue el mejor representante del realismo mágico en nuestro país. Sus cuentos están integrados en las colecciones: ‘Cuentos escritos antes del exilio’, ‘Cuentos escritos en el exilio’, y ‘mas cuentos escritos en el exilio’.
Durante la época de 1938-1961, dominaron el escenario cuentístico, en el país, Tomas Hernández Franco, Ramón Marrero Aristy, Manuel del Cabral, Virgilio Díaz Grullón y Manuel Rueda; quienes supieron abrir nuevos causes en el discurso narrativo del relato breve contribuyendo a una verdadera transformación de estructuras dotándolo de recursos estilísticos e imágenes que expresan plenamente la problemática del hombre actual.
Después del asesinato de Trujillo, la guerra de abril y la segunda intervención norteamericana provocan el surgimiento de actividades culturales y grupos literarios como La máscara, El puño, La antorcha, La Isla y el movimiento cultural universitario. Los concursos literarios organizados por estas organizaciones estimularon la producción de Marcio Veloz Maggiolo, René del Risco Bermúdez, Miguel Alfonseca, entre otros. Todos ellos fueron exponentes de un discurso urbano dominado por la cotidianidad, de manera que los elementos citadinos se convirtieron en materia prima para estos jóvenes narradores. De esta época son creaciones como ‘La fértil agonía del amor’, ‘Ahora que vuelvo, Tom’, ‘El enemigo’, ‘Delicatessen’, ‘En el barrio no hay banderas’…
En los años 70 encontramos, además de lo citadino de la época anterior, el desasosiego político y la ansia de libertad que sintió el país a causa de la represión política del momento. Narradores como Carlos Esteban Deive, José Alcántara Almánzar, Armando Almánzar Rodríguez, Diógenes Valdez, Efraím Castillo, Pedro Peix y otros intentaron iluminar las sombras tenebrosas que calcinaban las aspiraciones de cambios sociales que exigía el pueblo Dominicano.
Esta tendencia y generación de jóvenes escritores, estimulados por los premios Casa de Teatro y los premios nacionales otorgados por la Secretaria de Estado educación, se apropio del escenario literario nacional durante todo el decenio de los 70 y parte de los 80.
Entre las distintas tendencias de la cuentistica dominicana de los años 1980-2000, la que parece haber alcanzado mayor desarrollo es sin lugar a dudas la de los relatos existencialistas. Caben citarse aquí Rita Indiana Hernández, René Rodríguez Soriano, Orlando Suriel, Máximo Vega, Pedro Antonio Valdez, entre otros.
En definitiva, el cuento dominicano ha sabido superar las influencias foráneas para su propio camino dentro de la literatura latinoamericana, y a pesar de ser un genero tardío, ha dado maestros de la narrativa breve y un padre de la cuentistica hispanoamericana, dentro de la multiplicidad de cuentistas que han desfilado su prosa por el nuevo mundo.

Darío Uslar
Miembro del Taller Triple Llama de Moca

 
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